Roberto Bolaño, autor de 2666, nos traslada a través de su personalísimo estilo a paisajes transidos de dolor, brutalidad y muerte. Realizamos como lectores un trayecto por una historia plagada de elementos propios de la novela negra; pero este autor transgrede todos los límites de cualquier género literario y nos presenta personajes, lugares y argumentos en un puzzle que no pretende ensamblar sus piezas para mostrarnos una imagen precisa y definitiva. La unión de cada pieza con el resto es debida a una fuerte intriga que atraviesa toda la novela y mantiene al lector con el libro abierto entre las manos, resolviendo los puntos que la inusual estructura plantea. El lector prevé, anticipa, crea y une fragmentos de esta historia, convirtiendose así en alguien activo ante el texto. Desea un final o una resolución de la intriga, a pesar de que sabe de antemano que no se producirá, pero se negará a creerlo hasta el momento en que cierre el volumen tras haber leido la última página.
Es un libro apasionado y cruel, escrito con un eficaz y elegantísimo estilo. Es, en definitiva, un guiño literario y cómplice a las literaturas europeas y latinoamericanas.