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viernes, 5 de junio de 2009

El juego de la semilla

Muchas veces, comentamos así indiferentemente lo mal que está el mundo. Estamos tan acostumbrados... Creemos que no se puede hacer nada. Vivimos con el convencimiento de la inutilidad. Qué le vamos a hacer. Echamos un rato, despotricamos a quien haga falta, luego nos quejamos de todo un poco. Lo curioso es la expresión que más tarde usaremos para referirnos a la plática: nada, hemos estado arreglando el mundo. Tiene gracia, me gusta, se supone que es por el sarcasmo tan grande.

Si pudiésemos sustraernos del mundo, verlo desde un ángulo elevado, veríamos que está todo sembrado de mierda. Bueno, todo todo no, pero casi. Lo digo simbólica y literalmente. Y sí, ya sé, no estoy descubriendo nada, pero todo hay que decirlo. Allá por donde mires, a no ser que sigas durmiendo el sueño pegajoso que nos vendieron. Lo bueno de la mierda es que también tiene un potencial infinito...

Es por esto que yo quiero jugar un juego. Un juego así, sin pretensiones, como los juegos auténticos. Pequeños aleteos cerebrales en medio de mareas informativas y entretenimientos malignos. Leves luciérnagas, frágiles mariposas.

La Madre Naturaleza sabe mucho de estas cosas. La manera que tiene de crear y reproducirse es desaforada. Como suele decirse con otro sarcasmo de los buenos, no tiene conocimiento. Diminutas semillas que se expanden por tierra, mar y aire, en cantidades ingentes... y así no falla. ¿Os habéis fijado? Qué lista.

Y esas semillas, ¿qué me decís de las semillas? ¿No os parecen algo formidable? ¿De verdad que no? ¿De mil formas, tamaños, texturas, olores y colores, capaces de convertir la tierra, el sol, el agua y el aire en infinitas formas, tamaños, texturas, olores y colores... capaces de generar miles de millones en su vida de nuevas semillas en un ciclo de expansión, de crecimiento, belleza sin término, en constante evolución y perfección? ¿Quién o qué programó semejante maravilla?

Desde luego, no ha sido la misma inteligencia que ha minado nuestro mundo de semillas de odio. Y sí, aunque aceptamos que todo lo malo existe, que también forma parte del todo, que sin positivo y negativo no habría corriente, es hora de lanzar nuevas semillas, semillas que expresen nuevas posibilidades. Ya tenemos el contraste suficiente.

Propongo el juego de la semilla. Crear semillas textuales con graciosas, inauditas y mágicas situaciones para nuestro desfasado mundo de dolor y miedo. Ya basta. Elegantes y coloridas mariposas que muevan las alas del pensamiento para desafiar todo lo establecido y hacer saltar por los aires lágrimas y risas de despropósitos. Seremos todo lo anti-realistas que podamos: el apagón analógico, el fin de la guerra, el fin del dinero, el fin de la mentira...
Llenemos el mundo de estas nuevas semillas de amor. Diseminemos su fuerza y su creacción. Abrámonos a todos los potenciales. Seamos libres de crear nuestras propias semillas o dar continuación a las que se estén expandiendo... Seamos valientes y felices con el mundo. Qué ganas tengo de ver cómo me continúan La parábola de los borregos.
ALEH





lunes, 16 de marzo de 2009

El derecho de soñar

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos al menos el derecho de imaginar el que queremos que sea. Naciones Unidas han proclamado extensas listas de derechos humanos, pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos por un ratito? Al fin del milenio, vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible...

El aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor. El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia.

La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar. Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta, y como juega el niño sin saber que juega.

En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.

El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio de declararse en quiebra.

La comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio; porque la comida y la comunicación son derechos humanos. Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.

Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.

Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.

La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla, y la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertada, hermanas siamesas, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, volverán a juntarse bien pegaditas espalda contra espalda.

En Argentina, las locas de Plaza de Mayo, serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

La perfección... la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses, pero en este mundo, en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última, y cada día como si fuera el primero.

EDUARDO GALEANO

jueves, 12 de marzo de 2009

Ojos azules

He encontrado este fragmento de Pérez Reverte y me he detenido en él, quizá por la intensidad de los sentimientos que atisba a contar, o tal vez por la elección de los adjetivos. Espero que os guste, chicos.

"Por fin reconoció que añoraba su piel sumisa, y el tono quedo de su voz cuando lo acariciaba. Y aquella mirada oscura que a veces fijaba en él, orgullosa y lúcida e inconquistable allá adentro; y experimentaba una indefinible nostalgia de algo que apenas había llegado a conocer."

Sobre la certeza

Me repito, porque esto ya lo tengo publicado en mi blog, pero el poema de Alejandro...

La inútil tarea de concretar la palabra. Cerrar el círculo, construir el último tabique del templo, dar el irrevocable suspiro antes de.
Proponer la escultura imprecisa del verbo.
La única manera de sobrevivir al desencuentro es verter a ciegas, en ese espacio limítrofe con el sueño, los símbolos arrancados del árbol negro de la memoria. No espero consumar la difícil tarea que me propone el silencio: romper sus márgenes duele a veces como un último beso; sin embargo, arrastrar la posibilidad es suficiente para obligarme al delirio, para originar un destello en las impasibles teas de este laberinto.
¿Quién dormirá a la noche cuando el verbo sea conquistado?, ¿quién, con lengua firme, cantará las inaprensibles glorias del recuerdo, los transparentes laureles y sus despojos?

No seré yo. No será este verso destrozado.